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jueves, 29 de septiembre de 2011

Perfil: Félix Guillermo Torres, candidato a edil


Entrevista realizada por La Franja Amarilla de Teusaquillo

En Teusaquillo, en la izquierda, podría ser la síntesis de la parábola vital de Félix Guillermo Torres Ramírez, alcalde de la Localidad en 2004 durante el primer gobierno del Polo Democrático en la ciudad de Bogotá, hoy candidato a la Junta Administradora de esa localidad por el Polo Democrático Alternativo.

Desde que estudiaba primaria en el Gimnasio Antonio Nariño del CUAN, después bachillerato en el Colegio Americano, y luego administración de empresas en la Universidad Nacional de Colombia, la trayectoria de Félix Guillermo ha girado en torno de los barrios e instituciones de esta Localidad.

Las inquietudes sociales lo comprometieron muy joven al lado de uno de los grupos de la izquierda colombiana, la Unión Revolucionaria Socialista, en la organización de una cooperativa de consumo para los conductores asalariados de Bogotá, con sede en Fontibón, que dirigió durante cuatro años. Era la época del movimiento estudiantil que sacudió al país entre 1968 y 1972, en pleno Frente Nacional.

Fiel a sus convicciones, integró años después la dirección nacional del Movimiento Socialista Firmes, al lado de Gerardo Molina, Luis Carlos Pérez, Diego Montaña Cuéllar, Nelly de Aparicio, José Gutiérrez y Jorge Regueros Peralta. Al lado de Orlando Fals Borda y el Movimiento Colombia Unida, se sumó a los trabajos de la Asamblea Nacional Constituyente, en 1991. Participó años más tarde en la fundación del Polo Democrático Independiente - PDI, y hoy integra las filas del Polo Democrático Alternativo.

En el cooperativismo

Félix Guillermo Torres se aventuró unos años como empresario de confecciones, lidiando a pecho descubierto con las políticas aperturistas que terminaron asfixiándolo y fue también, durante un lapso, sub-jefe del grupo de comisariatos de Ecopetrol en Barrancabermeja. Pero había de ser el cooperativismo el campo en el que recogió los mejores frutos como profesional.

La Cooperativa de Conductores Asalariados de Bogotá sorteó una dura pero interesante prueba de cómo las cooperativas pueden servir a los trabajadores, cuando en el año 1977, a raíz del Paro Cívico Nacional decretado por el pueblo contra López Michelsen y su Mandato de Hambre, los principales dirigentes del  sindicato de conductores fundador de la cooperativa fueron despedidos y  encontraron en ella una base de sustento para paliar los inconvenientes que esta acción representó para ellos y sus familias.
Tiempo después pasó a la gerencia de la Cooperativa de Empleados del Instituto Colombiano de Comercio Exterior–INCOMEX y, con la experiencia acumulada en esos años de logros y fracasos, se aventuró a impulsar, junto con un grupo de dirigentes campesinos, la conformación de una central nacional de cooperativas agrarias para participar en un proceso de Mercados Móviles Populares impulsado por el gobierno Distrital y la Central de Abastos de Bogotá –Corabastos, experiencia que le dejó importantes aprendizajes y que procuró repetir en tiempos recientes al unir las localidades de Usme, Ciudad Bolívar y Teusaquillo en un proceso similar. Félix Guillermo recuerda como en aquel novedoso proceso de mercadeo móvil convertido en política pública, se llegaron a instalar hasta tres o cuatro mercados diarios en distintos sectores de Bogotá, y como a instancias de ese proceso alcanzaron a asociarse más de 25 cooperativas u organizaciones cooperativas agrarias del país; logrando que los campesinos del Tolima, del Valle, del Meta, de Caldas, de Santander pudieran llevar directamente sus productos al consumidor final sin la presencia de intermediarios.

Como Alcalde Local de Teusaquillo

¿Cómo llegó Félix Guillermo a ser alcalde local?

“La iniciativa fue de un grupo de compañeros que en los primeros meses del año 2004 me animó a participar en un concurso interno del partido al que para el efecto se citaron varios encuentros y, al final del cual, una asamblea local decidió apoyar mi candidatura… La decisión final fue adoptada por el alcalde mayor de aquel momento, Luis Eduardo Garzón”.

Al abrir la puerta del despacho, cuenta Félix Guillermo, se topó con la realidad local de la pobreza oculta; con gente en dificultades a la hora de  pagar el impuesto predial y los servicios. La situación más angustiosa era la que vivían los adultos mayores. Para oírlos, y para instituir a los diferentes colectivos –mujeres, jóvenes, artistas, vendedores ambulantes– en procesos organizativos, Félix Guillermo puso a marchar a toda vela la Casa de la Participación que había sido inaugurada por el anterior alcalde. “La Casa se volvió un hervidero –dice–, porque se fue creando una dinámica muy interesante. La gente entendió que había un alcalde dispuesto a construir democracia, empezando por la escucha atenta de sus necesidades más sentidas”.

La segunda tarea que se propuso fue fortalecer la participación ciudadana en la elaboración del Plan de Desarrollo Local, hecho que logró sacar adelante, no sin antes observar que las normas no facilitaban su desarrollo posterior; “porque, aunque La Constitución y las leyes colombianas hablan mucho de la democracia participativa, en la práctica privan a los ciudadanos de un verdadero poder de decisión”, puntualiza Félix Guillermo.

El tercer objetivo fue contribuir al impulso del Plan de Igualdad de Oportunidades para las mujeres en Teusaquillo coordinando el trabajo con Juanita Barreto, a la sazón responsable de la Oficina de Mujer y género del Distrito Capital… “Teusaquillo cuenta con la enorme ventaja de contar con un sector del movimiento de mujeres militantes”, dice.

Félix Guillermo, con base en el ejercicio de los presupuestos participativos, otra de las claves de la profundización de la democracia local, dejó así asignados los recursos para abrir la primera Casa de la Igualdad de Oportunidades para las mujeres en Bogotá.

La población en situación de vulnerabilidad

“Los adultos mayores y la infancia merecen el pleno reconocimiento de sus derechos sociales, económicos y culturales, por las singularidades de su condición vital”. Con base en estos criterios los comedores comunitarios, sobre todo para los adultos mayores, y el refrigerio en los colegios, ambos organizados por Félix Guillermo durante su alcaldía, intentaron la coherencia con un proyecto de izquierda democrática.

“Con los hombres y mujeres vendedores ambulantes deben también aplicarse políticas coherentes, razonadas y razonables; pues tanto la sociedad como la fuerza pública  sigue viéndolos como un problema de orden público, cuando su situación debe avocarse como un problema social derivado del desempleo y la pobreza”, precisa Félix Guillermo.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Desarrollo de mi propuesta No. 1 como candidato a la Junta Administradora Local de Teusaquillo


1. Contribuir al fortalecimiento del estado de derecho mediante la construcción de la democracia participativa con movilización social, facilitando procesos de veeduría ciudadana en planeación, ordenamiento territorial, presupuesto y rendición de cuentas. 

Para empezar es necesario traer a cuento la discusión, iniciada durante la Guerra Fría, sobre la deseabilidad de la democracia, considerada  peligrosa hasta finales del siglo XIX,  y la  tensión que este concepto provocó en ámbitos del  capitalismo. Un exceso de democracia, se pensaba, podría llegar a colocar  límites a la propiedad; hecho controvertido que si bien podría redundar en ganancias redistributivas para los sectores sociales desfavorecidos,  operaría en detrimento del beneficio al capital individual. Fue en el centro de este debate que aparecieron modelos de democracia alternativos al liberal: La democracia participativa, la democracia popular en los países del este de Europa, y la democracia desarrollista en los países que recién llegaban a la independencia.

Entre los aspectos a analizar se encuentran las respuestas dadas a interrogantes  sobre las relaciones entre el procedimiento y la forma de  aplicación  de la democracia, el papel de la burocracia en la vida democrática, y la representación en la práctica democrática.

Schumpeter,  teórico liberal, cuestionó la idea de una soberanía popular fuerte al plantear la  pregunta: ¿Es posible que el pueblo gobierne...? a la que respondió negativamente. Afirmaba, en su sustentación,  que el pueblo soberano era incapaz de tomar posiciones racionales ante asuntos específicos. Para él, el proceso de la democracia no pasaba por la toma de decisiones por parte del pueblo. La democracia era más bien “un método político”, un cierto tipo de concertación institucional para llegar a decisiones políticas y administrativas. En su doctrina  argumentaba que los individuos son fácilmente manipulables en las sociedades de masas; que los individuos, en la política, ceden ante impulsos extra racionales o irracionales, actuando de manera casi infantil al momento de tomar decisiones. (Schumpeter, 1942: 257).

Norberto Bobbio dio el paso siguiente al transformar la democracia en un procedimiento conformado por un conjunto de reglas para la formación de gobiernos representativos...para la formación de mayorías. Conceptuaba que la participación de los  individuos en la práctica política, terminaba por volverse indeseable y que el motivo de ello era la complejidad social que en las democracias contemporáneas inhibía la participación. (Ver Bobbio, 1986)

Así las cosas, puede afirmarse que la primera vía de consolidación de la concepción hegemónica de democracia apuntó a la reducción de la soberanía popular y a la identificación de la democracia con las reglas del proceso electoral.

Mientras esos análisis se hacían, la realidad de  expansión global de la democracia liberal coincidía con una grave crisis en los países en donde más se había consolidado. Crisis que estudiosos del tema identificaron como de la “doble patología”: Patología de la participación, ante el aumento dramático del abstencionismo; y patología de la representación, expresada por el hecho de que los ciudadanos se consideraban cada vez menos representados por aquellos a quienes elegían.

El papel de la burocracia en la vida democrática

Para la concepción hegemónica de la democracia la consolidación de la burocracia fue haciéndose cada vez más indispensable.

Max Weber abrió esta discusión al situar  en el centro de debate democrático de comienzos del siglo XX la tesis de que era inevitable para el ciudadano común la pérdida del control sobre los procesos de decisión política y económica; y que, en contraste, era también inevitable el creciente control de este proceso por parte  diferentes formas de organización burocrática que para él estaba ligada al surgimiento y desarrollo del estado moderno.

Norberto Bobbio ratificó esta tesis al conceptuar que a medida que las sociedades pasaran de una economía familiar a una economía de mercado, aumentarían los problemas políticos para cuya solución se requerirían, cada vez más, las competencias técnicas de expertos y especialistas.

La Democracia Participativa

Las formas burocráticas, descritas por Weber y Bobbio son autocráticas en la forma como se gerencia el personal administrativo y en la forma como se aboga por  soluciones homogéneas para resolver los problemas enfrentados en las diferentes jurisdicciones. La concepción tradicional de gestión burocrática aboga por fórmulas homogéneas para solucionar los problemas que se presentan en los diferentes niveles de la gestión administrativa. En contraste la realidad enfrenta múltiples problemas que exigen, cada vez más, soluciones diversas en las que se hace necesario coordinar grupos heterogéneos que ayuden a encontrar soluciones creativas a situaciones, distintas unas de otras, presentes incluso en una misma jurisdicción.

El conocimiento detentado por los actores sociales pasa entonces a ser el elemento central para la solución de los problemas de gestión. Del mismo modo, cada vez es más claro, las burocracias centralizadas no están en condición de agregar o lidiar con el acumulado de  información necesaria para la ejecución de políticas complejas en las áreas social, ambiental o cultural; apareciendo aquí la necesidad de insertar en el debate democrático la llamada “concertación participativa” que, por ser plural, debe contar con el consentimiento de los actores sociales en procesos racionales de discusión y deliberación.

Así, el modo de proceder democrático no puede ser simplemente un método de autorización a los gobernantes. Tiene que ser  una forma de ejercicio colectivo del poder político, con base en un proceso libre de presentación de razones entre iguales.

Democracia Participativa Vs.  Democracia Representativa

Resolver el conflicto entre democracia participativa y democracia representativa es otra parte del asunto a tratar. Para ello se hace necesario relativizar la representatividad o articular la democracia representativa con la democracia participativa en procura de defender los intereses e identidades ciudadanas.

Ello presupone el reconocimiento y apoyo por parte de las diferentes instancias de los gobiernos de los  procedimientos participativos. El objetivo es asociar al proceso de fortalecimiento de la democracia local formas de renovación cultural, que ligadas a una nueva institucionalidad política, coloquen en la agenda democrática la pluralidad cultural y la  inclusión social.

En relación con este tema desde la Junta Administradora Local se debe, en consecuencia:

Promover la participación, la organización y las acciones de prevención y control de la convivencia ciudadana, buscando que se haga en forma más eficiente y clara para la ciudadanía.

Buscar para la localidad formas de autonomía mínima en materia administrativa y presupuestal.

Promover el ejercicio real de planes locales participativos.

Construir democracia con movilización social; pues solo ahí cabe el desarrollo auténtico de la participación ciudadana y comunitaria.

Fortalecer la democracia participativa procurando superar las restricciones institucionales y remover los obstáculos que dificultan su ejercicio; para ello deberá trabajarse en los mecanismos de democracia directa, los nuevos modelos de movilización ciudadana (veedurías) y los movimientos sociales urbanos.

Trabajar para que más organizaciones y ciudadanos/ciudadanas concurran a menos escenarios, pero con mayor eficacia e incidencia.

Coadyuvar en el fortalecimiento de las organizaciones sociales locales.

Secundar por la participación incidente en los procesos de ordenamiento territorial, planeación y presupuesto participativo, control social y rendición de cuentas.

Luchar por mejorar las condiciones para que los escenarios de participación sean más intensos, pero con mayor pluralidad, procurando reducir la discrecionalidad de los funcionarios directivos en la escogencia del tipo de organizaciones y asociaciones que deben ser convocadas a participar.

Autonomía ciudadana, no a la cooptación.

Abogar por que se proporcione, por todos los medios al alcance, la información necesaria a la ciudadanía para que pueda intervenir con conocimiento suficiente y oportuno en el control social y la gestión de lo público.

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