Haciendo una reminiscencia de lo que ha ocurrido en los últimos 40 años en la localidad de Teusaquillo se pueden reconocer, claramente, las épocas de auge, así como los años en los cuales se comienza a percibir su progresiva decadencia.
En 1954 se inaugura, en la calle 53 entre las carreras 24 y 27, el almacén Sears, único en su género para la época en toda la ciudad, el cual le imprime al sector un vertiginoso proceso de urbanización y le da el nombre de barrio Searshasta finales de los 80s. El primer banco de la localidad es construido en 1956 y aún permanece en la esquina de la Calle 53 y la Carrera 24.
En 1970 se terminan las obras de ampliación del estadio El Campín y aparece una gran innovación, el alumbrado de mercurio. Ya en ese momento se había consolidado el proceso de urbanización de la localidad con vocación fundamentalmente residencial. Existía lógicamente el comercio pero de escala local, a excepción del almacén Sears. En 1974 aparece el supermercado Carulla. Fue una época en la que localidad ofrecía a sus residentes una buena calidad de vida y un manejo armonioso en cuanto a la arquitectura, en sectores como el Park Way, La Soledad, San Luis, Belalcázar, El Campín, Nicolás de Federmán, La Esmeralda y Pablo VI.
En la administración del alcalde Andrés Pastrana, con el gasto de cuantiosos recursos del Distrito, se remodela la Avenida Caracas, un trabajo que destruye en su totalidad el separador arborizado, reemplazado por una especie de barricada de púas metálicas que daban la impresión de que en esta emblemática vía de la ciudad se estuviera presentando algún conflicto armado. Es como si realmente ello hubiera sucedido, por cuanto comenzó el desplazamiento de los habitantes de los inmuebles que bordeaban la avenida. Este sector continúa hoy en día en franco deterioro, agravado más aún por la implementación del sistema de transporte público llamado Transmilenio, nuevamente con dineros del presupuesto de la ciudad, durante la administración de Enrique Peñalosa. Este medio de transporte desplazó al resto hacia el interior de los barrios, cuyas vías no están diseñadas para recibir el inmenso flujo vehicular desplazado de la Caracas, provocando su deterioro y los ya suficientemente conocidos problemas de movilidad. Igual situación se repite con el trazado de Transmilenio que va por la Avenida Ciudad de Quito o Carrera 30.
Sumado a todo lo anterior, en los últimos 15 años, Teusaquillo se ha visto invadido de toda clase de comercio que no cumple con las más mínimas normas de uso del suelo debido a la inoperancia y la ineficiencia de entes administrativos como la alcaldía local y la denominada Jal, convertidos en fuentes de una abultada e inútil burocracia. Es así como hoy vemos situaciones tan aberrantes como la de inmuebles de vivienda familiar conviviendo de manera forzada con la edificación contigua donde funciona una casa de lenocinio, o de todo un vecindario esperando angustiosamente que sean la 3 de la madrugada para poder conciliar un poco el sueño, ya que por el estruendoso ruido que generan tabernas y discotecas es imposible hacerlo antes. Además, existen problemas de inseguridad y prolifera la mendicidad, situación diametralmente opuesta a la que se vivía hace treinta y cuarenta años.
Se esconde detrás de toda esta debacle el manejo politiquero de las localidades y de la ciudad en general, así como también la defensa a ultranza de intereses particulares sobre los derechos de la ciudadanía, aparte de que también el jugoso presupuesto del Distrito se ha convertido en botín de guerra a repartir entre toda esa maraña de contratos y contratistas ineptos y corruptos, tal y como es conocido por la opinión pública y a quienes finalmente lo único que les interesa es el lucro personal. Hay, sin embargo, personas que todo esto se lo atribuyen al progreso, ante lo cual no se sabe si lo dicen porque no entienden lo que es realmente el progreso o por cierto cinismo. El caso es que lo que estamos viviendo hoy en día, y no solo en nuestra localidad, es todo lo contrario al lema de la actual Administración Distrital, “Bogotá Humana”. La ciudad es totalmente inhumana.
Ante este deterioro inocultable, la ciudadanía debe expresarse, participar activamente y reclamar el derecho a que tanto su localidad como la ciudad entera sean un hábitat digno y donde se respeten los derechos fundamentales de sus habitantes, porque de no ser así, la ya evidente decadencia terminará convirtiéndose en un absoluto caos, el cual en algunos aspectos ya se vislumbra.
Tras el deterioro; grandes intereses privados.


10:46
Patricia Cifuentes Osorio
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