Por Félix Guillermo Torres Ramírez, Barrio La Soledad, publicado en la franja amarrilla edición 1.
Schumpeter, teórico liberal, en su clásico libro: Capitalismo, socialismo y democracia, cuestionó la idea de una soberanía popular fuerte, negando la posibilidad de que “el pueblo” pudiera gobernar. Afirmaba, en sustentación de su tesis, que el pueblo soberano era incapaz de tomar posiciones racionales ante asuntos específicos; opinaba que el proceso de la democracia no pasaba por la toma de decisiones por parte del pueblo. Concebía la democracia más bien como “un método político”, como un cierto tipo de concertación institucional para llegar a decisiones políticas y administrativas. Argumentaba, en apoyo a su tesis, que en las sociedades de masas los individuos eran fácilmente manipulables; y que, en ámbitos de la política, éstas cedían ante impulsos extrarracionales o irracionales, actuando de manera casi infantil al momento de tomar decisiones. (Schumpeter, 1942: 257).
Norberto Bobbio dio el siguiente paso al concebir la democracia como un procedimiento conformado por un conjunto de reglas para formar gobiernos en representación de las mayorías. Conceptuaba que la participación de los individuos en la práctica política terminaba por volverse indeseable; pues la complejidad social de las democracias contemporáneas terminaba por inhibir su participación real. (Bobbio, 1986). Puede así afirmarse que la primera vía de consolidación de la concepción hegemónica de democracia apuntó a la reducción de la soberanía popular, y a la identificación de la democracia con las reglas del proceso electoral.
Ahora bien; para quienes concebían la democracia según esta descripción, la consolidación de la burocracia fue también haciéndose indispensable.
Max Weber abrió esta discusión al situar en el centro de debate democrático de comienzos del siglo XX, la tesis de que era inevitable para el ciudadano común la pérdida del control sobre los procesos de decisión política y económica y, en consecuencia, que era también inevitable el creciente control de estos procesos por parte de las diferentes formas de organización burocrática. Según él, la burocracia estaba ligada al surgimiento y desarrollo del Estado moderno; tesis que posteriormente ratificó Bobbio, al establecer como ineludible el incremento de la capacidad de control de la burocracia sobre los individuos modernos, conceptuando que a medida que las sociedades evolucionaran, aumentarían los problemas políticos para cuya solución se requerirían, cada vez con mayor énfasis, competencias técnicas de expertos y especialistas.
La democracia participativa
La concepción tradicional de gestión burocrática aboga por proporcionar fórmulas homogéneas para solucionar los problemas de índole diversa que se presentan en los diferentes niveles de la gestión administrativa. Hecho que contrasta con la realidad, que obliga a enfrentar múltiples problemas, salvando múltiples dificultades, para encontrar soluciones necesariamente distintas unas de otras, cuya procura hace necesaria la coordinación de grupos heterogéneos que ayuden a idear soluciones creativas a situaciones distintas unas de otras, presentes incluso en una misma jurisdicción.
Es aquí donde el conocimiento detentado por los actores sociales pasa a ser elemento central en la gestión y solución de los problemas, apareciendo la necesidad de insertar en el debate democrático la llamada “concertación participativa”, en cuyo contexto se hace necesario proyectar una normatividad social que haga viable la participación en la actividad política, mediante la elaboración de una nueva gramática social capaz de cambiar, entre gobernantes y gobernados, las relaciones de género, de raza, de etnia, y de todo aquello que se relacione con el manejo privado de los recursos públicos; gramática que debe promover el nuevas formas de relacionamiento entre el Estado y la sociedad.
En este contexto la democracia también habrá de constituirse una nueva gramática que se haga explícita como forma socio-histórica no determinada por leyes naturales pues, de manera ingenua, algunos piensan que la democracia es autoevidente y simplemente proyecta la situación excepcional de cada sociedad como parte articulada al conjunto de la historia. Así, la democracia habrá de concebirse como una ruptura con las tradiciones establecidas y con la tentativa de institucionalizar valores, normas y leyes, abordando la trayectoria de una determinada sociedad conforme a sus elementos culturales propios.


11:52
Patricia Cifuentes Osorio

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